Mathías es un hombre trans de 21 años que estudia Lengua y Literatura dentro de la Facultad de Educación en una universidad de la región sur de Perú .“Yo siempre me había sentido diferente al resto” nos dice Mathías. Cuando la maestra les pidió dibujar a un superhéroe o personaje con el que se sintieran identificados, Mathías no dibujó una princesa o a la Mujer Maravilla como el resto de las niñas de la escuela, dibujó a Navy Thunder Ranger o mejor conocido como el Power Ranger Azul.
Mathías está consciente que desde pequeño supo que sus gustos no se correspondían con su género sexual asignado al nacer, no le gustaban los chicos y desde pequeño mostraba comportamientos masculinos.
En la adolescencia se percató que le atraían las chicas; “pase por varias fases, primero pensando que era bisexual y luego lesbiana, lo cual ya de por sí era muy fuerte viniendo de una educación católica”, también relata que siempre se ubicó entre los primeros tres lugares de excelencia académica así que la religión y las expectativas sobre su desempeño académico y su comportamiento personal eran un peso grande a sus espaldas. Entre la presión social y la negación de su identidad lo llevaron a considerar incluso ingresar a un convento de monjas como una salida. “Incluso me costaba decir que era lesbiana, era demasiado para mí y sólo me limitaba a reconocer que me gustaban las chicas” comparte Mathías.

Cuando Mathías ingresa a la universidad y entra en contacto con el proyecto Diversxs comenzó a entender que su ser realmente iba más allá de las primeras dos letras de la sigla LGBTQIA+, “ entendí que mi identidad iba más allá de lol cis hetero normado, comencé a entender que me identificaba más como chico trans que como bisexual o lesbiana” reflexiona. Entonces, hace más o menos unos dos años él comenzó a hacer pequeños cambios en su forma de vestir, a recortarse el cabello, hasta iniciar su tratamiento hormonal. Cada cambio le hacía sentirse más real y cercano quién realmente es: un chico trans. Así que cuando salió del closet con su papá y mamá en octubre del 2022 no fue ninguna sorpresa para ellos, por lo contrario, afirmaron a Mathías su valor y calidad como hijo y ser humano, “pienso que hasta me tardé en salir del closet” dice Mathías entre risas.
Aunque el contexto familiar ha sido favorable, la ciudad donde vive es muy conservadora y con tradiciones religiosas católicas muy arraigadas. Mathías no conocía a otras personas LGTBQIA+ en su ciudad “ yo pensaba que yo era la única persona LGTBQIA+ de mi ciudad” comenta Mathías de forma jocosa. A través de redes sociales encontró a sus primeros referentes y activistas, otros chicos trans en Lima o de otros países. Allí comenzó una suerte de autoformación para Mathías apropiándose de sus derechos y cuestionando los comportamientos, las ideas y creencias homofóbicas en su entorno familiar.

El proyecto Diversxs fue el primer espacio donde obtuvo información que le permitió comprenderse y aceptarse. “Si Diversxs no hubiera llegado, no habría podido nombrarme, no hubiera podido manejar la incomodidad, la ansiedad y confusión que llevaba dentro” reflexiona Mathías. Agrega que Diversxs le ayudó a tener más confianza y seguridad en sí mismo para poder visibilizarse y a asumir su nuevo nombre “Mathías”. Empezó haciendo activismo en solitario desde las redes sociales y por contactos personales, luego de dos años fue contactado por otros dos chicos trans de su misma ciudad para invitarlo a participar en la Fraternidad Transdivergente, “ me sentí muy feliz porque ya pertenecía a una colectiva y que ya va a cumplir un año” dice Mathías con evidente emoción. Conectar la Fraternidad Transdivergente con Diversxs fue un gran paso hacia el activismo colectivo, en un año la fraternidad ha pasado de integrar 5 a 18 personas trans y no binarias que residen en su misma comunidad.

Con la formación y las actividades de Diversxs Mathias siente que tiene más herramientas para apoyar a otras personas trans y el proyecto lo ha llevado a convertirse en un referente para otras personas jóvenes. “Me siento feliz cuando escriben por las redes sociales diciéndome: ¡Hola! No te conozco, pero veo que eres un chico trans y creo que me siento igual, ¿podemos hablar?” comparte orgulloso. Sabe que apoyar y orientar a otras personas jóvenes es muy importante porque él no tuvo ese apoyo; por experiencia propia sabe que una conversación puede cambiar la perspectiva, dar esperanza, incluso salvar la vida de una persona en situación de crisis.
A través de la iniciativa Escuelas Amigas del Proyecto, que busca formar a educadores para la prevención del acoso escolar, Mathías ha combinado sus dos pasiones: la educación y el activismo por derechos humanos y LGBTQIA+. Mathías ya experimentó lo difícil que puede ser trabajar con personas adultas que tienen muy arraigadas sus creencias religiosas, homofobia y transfobia. Pero lejos de desanimarlo, esto le está motivando más a seguir trabajando con maestras y maestros. Está convencido que desde la escuela y desde la universidad se puede sensibilizar y generar aliados para construir espacios educativos más seguros, tolerantes e incluyentes para las juventudes e infancias LGTBQIA+.











