Ariel, es el segundo hijo de una familia de 5 personas, creció en una ciudad fronteriza del este paraguayo y recuerda su infancia y adolescencia como una época difícil de precariedad económica y emocionalmente inestable donde contrastaba una crianza estricta y violenta con pocas expresiones de amor en el seno familiar. Él explica que su papá y mamá se educaron en el contexto de la dictadura de Alfredo Stroessner y que ellos vienen de una generación que aprendió a sobrevivir en una cultura machista, violenta, represiva y afincada en valores muy conservadores sobre la familia, la religión y la educación. “La primera vez que mi papá me dijo te amo fue cuando yo tenía 15 años” recuerda Ariel y habla sobre lo difícil que fue procesarlo porque expresar sentimientos de amor y compresión no era lo común en su casa.
Reconoce la huella traumática que dejó la violencia paterna, pero hace un balance para diferenciar que, aunque su mamá podía ser una mujer estricta también era capaz de decirle y demostrarle cuanto le ama. Conoce en carne propia hasta dónde puede llegar la violencia, incluso desde la propia familia, y eso ha moldeado su personalidad como alguien que siempre busca evitar el conflicto, “nada justifica la violencia” dice. A pesar de las circunstancias, Ariel es una persona que sonríe con facilidad.
Ariel estuvo ocultando su orientación sexual hasta los 18 años, se define como una persona cuir. Como adolescente, Ariel recuerda que estaba consciente de su orientación sexual pero no podía desvincularlo de la idea del pecado. Durante 6 años recorrió 60 kilómetros en la peregrinación de la Virgen de Caacupé pidiéndole en secreto que le curará y en varias ocasiones intentó tener novia, pero tampoco sentía que eso era del todo correcto. Después de graduarse del bachillerato a los 17 años consiguió su primer trabajo, “comencé a experimentar la libertad, tenía un salario, tenía un auto, incluso una beca para estudiar Ingeniería en Sistemas en la universidad” relata Ariel. Esa sensación de libertad y estabilidad le dio ánimos para salir del closet con su mejor amiga de la secundaria, quien ahora es una persona trans, que mostró todo el apoyo y apertura que Ariel esperaba.
Sin embargo, las cosas en casa seguían igual, la intolerancia y la violencia continuaban siendo la norma, y a los 19 años se sale de su casa. “Es allí donde comienza una época más oscura; la inmadurez, las necesidades afectivas, contar con dinero propio me llevaron a tomar malas decisiones” relata Ariel, se involucró en una relación con una persona adicta a las drogas y durante un año se enfrentó a situaciones extremadamente difíciles que prefiere no detallar. Logró escapar de esa relación violenta y , después de 2 años, regresó a vivir con su familia. Apenas había pasado un mes cuando en la víspera de su cumpleaños enfrentó varios episodios de violencia paterna, “mis cumpleaños siempre estarán marcados por esto” reflexiona Ariel.
Decidió irse de casa de nuevo, se sumerge en el trabajo, trabaja días continuos en un sanatorio en plena crisis del COVID19 hasta llegar a la fatiga física y emocional y es cuando los pensamientos suicidas comenzaron a llegar, “yo estaba entre pegarme un tiro o buscar un nuevo comienzo, sabía que no podía regresar con mi familia” dice Ariel. Su mejor amiga de toda la vida, quien vivía en Asunción le invitó a mudarse con ella a la capital y se convirtió en una tabla de salvación para Ariel.
Llegar a Asunción en el 2022 fue hermoso al principio pues encontró no solo un espacio seguro libre de violencia, sino que también comenzó a construir una comunidad con personas como él, pero luego se enteró de su diagnóstico como HIV Positivo. Con una salud física muy deteriorada fue muy difícil mantener estabilidad laboral, perdió dos trabajos debido a las lagunas mentales y su fragilidad física y emocional. Después, su amiga tuvo que mudarse de ciudad porque su mamá murió y Ariel buscó acogida en casa de una tía lejana en Asunción. Su tía ha trabajado toda la vida ayudando a otras personas a través de la Pastoral Social, ella es un pilar de apoyo y también una gran inspiración para Ariel.
Un momento clave para Ariel fue cuando vio un anunció en Instagram, era una invitación abierta a un taller de derechos humanos promovido por el Proyecto Diversxs. “Sin Diversxs, seguramente ya no iba a estar vivo” dice Ariel en un tono liviano que sorprende. En la comunidad de Diversxs no sólo encontró un espacio seguro, sino que también encontró amistades que llevaban el activismo más allá para apoyarlo a nivel personal, personas que le acompañaron en momentos difíciles dentro y fuera de Diversxs, “entonces allí poco a poco fui recuperando control de mi vida” concluye Ariel.
En el curso de un año, Diversxs le ayudó a ganar optimismo y confianza para contar su historia de vida como una forma de activismo y de sensibilización hacia la comunidad LGBTQI, pero también en su entorno de trabajo. Ariel recuerda la forma en que cómo su compañero de trabajo de campo en la instalación de fibra óptica fue cambiando poco a poco su postura de rechazo hacia tolerancia y aceptación hacia él. A través de su testimonio Ariel ha ido tocando la vida de las personas, removiendo barreras y prejuicios hacia la comunidad LGTBQIA+ y personas viviendo con VIH. “Ese es mi activismo, así como Diversxs me ayudó a mí, yo puedo ayudar a otras personas y contarles mi historia mostrándome como una persona real”. Contar con el amor y el apoyo de otras personas jóvenes ha sido crucial para Ariel y está comprometido con ser ese apoyo y espacio de contención para otras personas que enfrentan realidades difíciles.
La conexión con otras personas diversas, la formación y el activismo en el espacio público tales como las marchas del orgullo y las ferias educativas y sensibilización facilitadas por Diversxs han sido aspectos transformadores para Ariel. “Verme en las fotos de la marcha del orgullo me hace feliz, ese soy yo, soy una persona real en una comunidad que comparte y celebra de forma incluyente” reflexiona Ariel y agradece todo el esfuerzo que hay detrás del proyecto para que personas como él puedan participar.
Para Ariel, Diversxs ha sembrado una semilla para el amor propio, para la autoestima y la resiliencia y se ve a sí mismo como un activista para el resto de su vida. Ariel sabe que no siempre será fácil, pero “la semilla ya está allí; ya han pasado 5 años desde mi salida del closet y puedo decir que estoy empezando a dar un rumbo a mi vida . Aun sigo equivocándome, pero no voy a darme por vencido” dice sonriendo Ariel.











